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Entrevistas

Santiago Off: colaboración, redes, crecimiento y arte

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Este 30 de noviembre cierra la convocatoria a propuestas musicales para ser parte de Santiago Off. Estuvimos conversando con Claudio Fuentes, su director. Hablamos de motivaciones, formatos y mucha voluntad política para seguir con un festival que crece hecho a pulso y del cual podemos, desde la música, aprender para mucho asociarnos, colaborar más y competir menos.

Santiago Off parte como una actividad de artes escénicas, pero deciden en algún momento incorporar música, ¿por qué toman esa decisión?

Cuando se nos ocurrió la idea fue para poder generar una instancia independiente, paralela a la que ya existía, con la idea de generar una plataforma diversificadora, para que no se atribuyera toda actividad de enero a los circuitos que ya existían, sino que se supiera que también había un circuito independiente que ponía sus obras en enero. Nuestra compañía, La Fulana Teatro, trabajaba mucho en los espacios públicos en esos años, entonces cómo lograr generar una escena paralela, que pudiera poner en valor las nuevas propuestas escénicas y musicales y generar instancias de formación, de debate, de diálogo en relación al estado de las artes escénicas y las políticas públicas. Entonces, la música, el teatro, la intervención pública y la formación han estado presentes desde el primer Santiago OFF en adelante. El primer año todo giró en torno a la figura de Pedro Lemebel y las intervenciones que realizaba con Las Yeguas del Apocalipsis, en esa poética se basó la primera área de formación, pero paralelo a eso tuvimos obras de La Fulana Teatro y de otras compañías y que acompañaron esta primera versión: estuvieron Mákina Kandela, Mauricio Redolés, que fueron los primeros en darle el espaldarazo a esta iniciativa que venía formándose y que con el tiempo fue tomando más fuerza, sobretodo para abrir el debate sobre los procesos creativos por sobre la producción, poder generar nuevos diagnósticos que relevaran las artes escénicas contemporáneas, las nuevas tendencias, las vanguardias escénicas.

Cuando tú dices que se definen como esfuerzos en paralelo ¿paralelo a qué?

Paralelo a Santiago a Mil, pues todo lo que se hacía en enero se le atribuía a Santiago a Mil. Si estábamos con una obra de teatro en la Estación Mapocho, que era nuestro lugar de residencia, muchos atribuían que era parte de ellos, porque todo era Santiago a mil en enero, entonces ¿cómo lograr una diferencia, de lo que estábamos mostrando era una idea independiente? el tema es que en esa época, si querías levantar como independiente un comunicado de prensa en los medios era super difícil, porque no estabas dentro de una plataforma. Entonces te preguntaban «¿estás dentro de Santiago a Mil o de un festival comunal?». En ese sentido dijimos «no estamos en nada, pero somos varios, agrupémonos» y le pusimos Santiago Off, como «fuera de lo establecido», pero no tiene que ver con que no tenga curatoría, sino que el OFF es una visión más política, estar fuera del sistema, donde todos venimos del mundo de las artes. Hay una visión política de lo que vamos a programar.

Yo tenía la impresión que la música se había sumado hace unos tres o cuatro años.

Los últimos años ha tenido más relevancia, porque antes era una banda por día, por cuatro días, cuatro bandas, paralelo a eso hacíamos las Noches Off donde programábamos una banda más por noche. Hace unos tres, cuatro años empezamos a generar asociatividades con MFest (Matucana 100) y así la parrilla programática que poníamos en el festival crecía, eran alrededor de 15 o 20 bandas en todo el festival. Luego este año en enero lo que hicimos, en los primeros cuatro días, fue hacer todo el ciclo musical con dos o tres bandas por día en la explanada del Museo de la Memoria, lo que le daba mayor visibilidad a las bandas. Empezamos hace dos o tres años a retomar Noches Off.

Es interesante lo que planteas, de un problema particular que tenían ustedes como compañía, nace una iniciativa con trabajo colaborativo. ¿Cuáles han sido, porque los beneficios son visibles, pero qué pasa con las complejidades de asociarse? Somos un país bueno en poner énfasis en lo que nos divide más que en lo que nos convoca ¿Cómo siguen logrando armar un hito tan grande de forma exitosa?

El Santiago Off siempre está en una línea delicada por el tema financiamiento pero además nace con una intención de generar empleabilidad no precaria, en un sector que se caracteriza por generar actividades de manera gratuita sin remuneración por ejemplo para los artistas. El arte en general está muy desprotegido en Chile, por carencia de políticas públicas, que no permite que los procesos artísticos que se validan en el tiempo tengan continuidad, entonces es un año a año trabajar para que el festival siga en pie. Es una problemática a la que nos enfrentamos todos los años, desde el nacimiento de Santiago Off, si bien al principio fue solo una idea asociativa, colaborativa, íbamos por el sombrero, y nos repartíamos lo que se recibía ahí mismo en el espacio público. El punto es que al año 2 o 3, ese tipo de economía que puede ser un puntapié de inicio, ya no da abasto, porque el festival se da a conocer, toma más relevancia. Logramos postular a fondos, por suerte hemos ido levantando año a año el fondo de Festivales y Certámenes que pone a disposición el Fondart, como instrumento público, pero también hemos ido generando fondos de la empresa privada, con canjes de difusión, asociatividades en espacios, que nos permite reducir los costos y generar una economía circular, donde todos los que participan se sienten de una u otra manera o se ven beneficiados económicamente. Levantamos fondos internacionales y de procesos de internacionalización a través de los programas de Prochile. Hay distintos mecanismos de financiamiento, que los vamos juntando y derivando en las distintas áreas de trabajo que queremos realizar. pero siempre es una apuesta, nadie nos garantiza el festival para el próximo año: tenemos un proyecto enviado, un equipo de trabajo muy serio, con propuestas de trabajo innovadoras, bien hechas. Sabemos que el argumento de por qué es necesaria la próxima versión y cómo beneficia al sector de las artes en general, es nuestra mayor defensa.

Uno podria quedarse con un festival que diga: ok, lo mejor del año fue esto y lo ponemos. estoy pensando en lo que fueron las políticas públicas en los primeros gobiernos de la concertación, donde asumieron que su rol era que se ponía un escenario y la gente miraba. ¿Por qué ustedes tienen instancias de reflexión? ¿Por qué es necesario? Si ya es tan difícil parar actividades, sumar charlas, reflexiones, formación…

Santiago Off se volvió bien importante, porque puso sobre la mesa temáticas bien importantes que todos conocíamos pero no reflexionábamos en torno a ellos. Empezamos por ejemplo hace dos años con los cabildos culturales, abiertos, para debatir sobre el estado de la cultura en Chile. generamos otra instancia, la Rebelión de las Voces, en asociatividad con el Encuentro de Dramaturgia contemporáneo europeo, y en ese sentido hemos tratado de poner puntos sobre la mesa que tienen absoluta relación con lo que se vino a detonar el 18 de octubre. Equidad, justifica social, que el arte es un bien social, algo de primera necesidad y que se pueda acceder de manera libre y que esté dentro de las bases que construyen una sociedad. El arte como un derecho social y no como bien de consumo es algo que nos propusimos desde un inicio, de poder relevar esas ideas, de poder debatir sobre esas ideas, poder aportar en la renovación de ciertas políticas públicas. No lo hemos logrado del todo pero sí hemos contribuido a que se generen planes de trabajo, participar de mesas sectoriales. Vivimos en un país que cada cuatro años se reinventa, cambia el partido político de turno y vienen e inventan la pólvora de nuevo, se retrocede mucho en política pública.

Uno lo ve en la música, que se toman medidas efectistas, pero no de fondo y cosas simples, como por ejemplo que en los espacios públicos se escuche música chilena, pero no hay voluntad política.

Exacto, lo que buscamos con estas otras áreas es generar un cambio, no presentar un festival que ponga obras y sean un divertimento, sino cómo las artes escénicas pueden dialogar con las comunidades, hacerse parte de esta idea de arte y ciudadanía, cómo van dialogando, como se van generando procesos, que permitan un crecimiento en términos culturales, que podamos decir: mira, aprendí a ver teatro, sentí que ver teatro es un derecho. Ir a un concierto, puedo hacerlo porque viene a mi comuna, aunque esté aislada, no se les puede negar el acceso. Entonces cómo desde nuestro misión podemos contribuir a ese tipo de desarrollo social, a ese tipo de instancias culturales, que permitan que las personas que tienen menores ingresos, que están en comunas periféricas que no pueden acceder a grandes eventos, podamos contribuir para que no carezcan de eso.

¿Cómo crees que conversa esta lógica, en la que tenemos que ser emprendedores culturales, pero cómo conciliamos estas ideas, en el sentido de que por una parte el arte no es bien de consumo, pero para poder participar tenemos que hablar esos lenguajes?

Hay un dicho que dice: ni tanto ni tan poco. Es super importante poder ocupar los instrumentos públicos y ser flexibles en ese sentido. Por ejemplo, para la internacionalización de las artes escénicas, obviamente el lenguaje que ocupa una oficina comercial lo ocupa como un producto. Sabemos que hay personas, que es intangible, que personas dirán que nunca tendrán un producto. Pero al final se habla de producto,. Es muy loco, en Corfo cuando hablas de compañías (de teatro) piensan que son grandes empresas. Nosotros nos hemos adaptado a los distintos lenguajes, si en Corfo se habla de agrupaciones en vez de compañías, porque compañías significa grandes empresas, bueno, hablaremos de agrupaciones. Si en Prochile se habla de producto, hablaremos de producto. No vamos a cambiar el lenguaje de la economía porque tenemos sensibilidades artísticas intransables. Podemos dialogar con esos conceptos. Sabemos por esencia que no estamos vendiendo computadores, que no exportamos zapatillas, vino, sino que tiene que ver con proceso asociativos, con poder generar la internacionalización, porque representa la consolidación de alguna compañía internacional. Si una compañía se internacionaliza, vuelve a Chile con más ganas de crecer, tener más experiencias, seguir creciendo. Dialogamos en los lenguajes de los diferentes fondos.

Específicamente de la versión de este año: la convocatoria cierra el 30 de noviembre. La vinculación de este año es pedir a los músicos que tengan propuestas sobre la memoria ¿nos cuentas un poco sobre eso?

Desde el año 2018, tuvimos una bajada que es perspectivas de la Memoria. Ibamos a conmemorar los 30 años del retorno a la democracia, nos interesaba poner en escena obras y agrupaciones musicales que tocaran en sus discursos y poéticas temas relacionados con la memoria. De ahí en adelante encontramos que era super relevante relevar la memoria en Chile. Vino el estallido social, luego un proceso lamentable de violaciones a los derechos humanos, hay situaciones que siguen sucediendo hoy en Chile con presos políticos, con desaparecidos, con mutilados… creemos que el arte tiene que mantener viva esa memoria. Entonces desde ese Santiago OFF que pensábamos que la memoria se relacionaba a los procesos que habían sucedido en dictadura y que estos 30 años había sido más silencioso todo, creemos super importante tocar este tema y nos fuimos encontrando con que lo contemporáneo y en la sociedad actual están sucediendo este tipo de situaciones, que se nos hace mucho más importante aún poder dialogar y enfrentarlo desde el arte y ver el punto de vista que tenemos sobre los procesos de memoria recientes y que siguen sucediendo. En ese sentido, hay muchas organizaciones que están tratando de poder liberar a los presos políticos de la revuelta y que creemos que Santiago Off no es ajeno a eso porque Santiago Off adhiere a los procesos sociales. Entonces en ese sentido, el próximo año nuevamente en asociatividad con el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos quisimos poder programar el área musical a través de streaming, porque sabemos que la presencialidad va a costar en algún punto, hay algunos teatros que sí se van a abrir a la presencialidad y lo vamos a aprovechar en ese sentido, para volver al encuentro. Entonces está enfocada el área musical en poder relevar temas de memoria y que tienen directa relación con lo que propone el festival y lo que propone el Museo de la Memoria.

El Museo tiene una tremenda explanada y es una pena que no se pueda usar.

Pero volveremos. Hay una pausa. Esta pandemia nos vino a enseñar muchas cosas sobre cómo llegar a nuevos públicos, se vuelve más transversal todo, pero obviamente los que somos de calle, queremos volver a ese encuentro de público y arte, pero creo que más pronto que tarde volveremos a los escenarios.

La convocatoria cierra el 30 de noviembre. Ustedes han realizado diferentes esfuerzos asociativos con festivales y otras instancias en el extranjero. ¿Me cuentas un poco sobre eso?

La asociatividad y la colaboración es una de las bases, pilares fundamentales de la fundación. Tenemos un lema desde el inicio de los festivales que es «la unión hace la fuerza», estamos convencidísimos de eso. Entonces año a año intentamos generar asociatividades con diferentes festivales internacionales y nacionales. Actualmente somos parte de la Red de Festivales de Artes Escénicas de Chile, una asociación gremial, que está en proceso de conformación, festivales de Arica a Punta Arenas, literalmente y tenemos un núcleo de tres festivales que son el Festival Identidades, el Festival Cielos del Infinito y Santiago Off que también nos agrupamos para generar propuestas con las necesidades de tres macrozonas: macrozona norte, macrozona centro, macrozona sur. Tenemos asociatividades con distintos festivales europeos y latinoamericanos, a través de la Red Euro-Latinoamericana de Artes Escénicas, REDELAE, de la cual formamos parte hace varios años y constantemente estamos buscando procesos de cómo generar asociatividades que permitan la internacionalización, la circulación de contenido artístico, que generen reflexión eurolatinoamericana, cuál es el estado o análisis comparativo entre las políticas públicas de un continente y otro. Entonces tratamos año a año que esas mismas redes crezcan y se potencien en beneficio de las artes en genereal. en ese sentido para nosotros es super importante poder mantener vivas esas alianzas.

Y este año esas ideas ¿de qué manera se concretan?

En cosas concretas, para la última Rebelión de las Voces, todas las lecturas europeas de los cinco países que conformaban el Encuentro de Dramaturgia Contemporáneo, fueran leídas y se relacionaran los autores europeos con cinco festivales de regiones distintas a la metropolitana. Entonces compañías de Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Bío-Bío y Magallanes fueron quienes tuvieron el nexo y la relación con autores de Austria, Croacia, España, Francia y Alemania. Entonces en ese sentido se genera un encuentro nacional y no un encuentro centralizado donde las mismas compañías, los mismos autores están en diálogo, como que salimos del oficialismo un poco. Entonces así se van concretando alianzas super importantes y que tienen que ver netamente con procesos de descentralización y de poder mirar las artes en territorio nacional y no solo la RM. Y para el festival este año hay una selección curatorial que ya no va a pasar solo por los criterios de la fundación, sino que se nos une la Red de Salas de Teatro, se nos une Red danza Sur, etc., entonces es como un ecosistema, en el que toda la red comienza a dialogar para un fin en común. En ese sentido, cómo vamos a generar la selección a partir de las necesidades que tiene cada una de las redes y cómo podemos dialogar para que todas esas redes construyan una gran red. En ese sentido la importancia de las redes y la asociatividad es fundamental para el quehacer de nuestra Fundación, con miras al próximo año y así se van concretando y haciendo afectivas. Lo mismo pasa con la obra internacional, la curatoría también pasa por nosotros, por las instituciones gubernamentales de otros países que finalmente generan asociatividad con Santiago Off, así se va construyendo y fortaleciendo la programación y los vínculos.

Última pregunta: Colaborar o competir, por qué una sí y otra no.

Porque yo creo que la competencia pertenece a un paradigma que ya está en pleno proceso de cambio, la competencia no ayuda en nada, limita los procesos de continuidad, por ejemplo la competencia de los fondos concursables, debe revisarse de manera urgente. Creo que hay que enaltecer a las misiones de las compañías de artes escénicas, de agrupaciones musicales, de los artistas visuales, yo creo que el tiempo de la competencia y el concurso es algo obsoleto. Hoy nos enfrentamos a una sociedad que globalmente está levantando grandes cambios en las formas de hacer, estamos en una caída inminente de cualquier sistema totalitario y siento yo que en ese sentido, la colaboración y la asociatividad toman el protagonismo hoy en día y erradican todas las prácticas que tienen que ver con la competencia, el éxito ligado a lo material, creo que estamos viendo un cambio social global importante, donde hay más sentido de colaboración, de poder reutilizar, reciclar, más consciencia del cambio climático, de cómo somos los individuos en términos políticos y sociales, de cuál es nuestro rol en la sociedad. Entonces viene todo un periodo de replanteamiento a lo que estábamos acostumbrados a hacer y creo que ahí Chile tiene la gran misión, con el proceso constituyente, de poder fundar las bases de una sociedad mucho más colaborativa, mucho más asociativa y más generosa.

Melómana de nacimiento, obsesiva de formación, actualmente paso mis días entre la música que me haga sentido, las bandas que manejo y a los hijxs que crío, a Nueva Santiago y a Aldea Local. Traductora, periodista, manager, productora, booker, distribuidora de discos, mami, pareja y colega, con dos gatas adoptadas. Leo y veo series. En Pandemia también tejo, coso, hago crochet, collages y rompecabezas. - Siempre el mejor proyecto es el que está por venir -

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