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Ya sabemos que #lamúsicanomata: ¿Y ahora qué?

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El día de ayer el mundo de la música chilena se movilizó en pleno frente al anuncio del gobierno respecto a que se prohibía la música en restaurantes y pubs, para evitar contagios de COVID. Se reactivaron los grupos de whatsapp, surgieron los hashtags y los comunicados. Hoy el gobierno anunció que dio pie atrás a la medida. Se siente el triunfo, decimos, pues fuimos «trending topic y somos muchos». ¿Y ahora? ¿qué viene ahora?

Una de las cosas que llama la atención cuando unx trabaja en la industria musical chilena es sentir que la atomización sigue estando a la orden del día. A pesar de las tecnologías, que nunca en la historia permitieron tantas nuevas nuevas conexiones, es interesante que se siga capacitando sobre asociatividad y colaboración y que estos conceptos aún no se encuentren internalizados en la gran mayoría. Me hago cargo de lo que digo: muchas veces tenemos conversaciones con bandas que quieren crecer, quieren que la gente conozca su trabajo, pero si les preguntas si escuchan música chilena te dicen que no, no conocen otras bandas, no saben dónde se podría tocar esa música que hacen, qué decir preguntarse cuáles pudieran ser las redes de difusión. Quien me lea, va a pensar que no es su caso. Puede ser, pero lo que indico es un diagnóstico luego de muchas conversaciones con bandas chilenas. Y no solo con bandas, también con equipos de trabajo.

Entonces, respecto a los espacios ya no en locales, sino de una manera más amplia en la que se pudiera escuchar/ver/disfrutar música chilena, un paneo rápido nos permite darnos cuentas de algunas cosas, que debieran aportar a la reflexión y debate, más allá del hashtag para la campaña de turno:

1.- No hay espacio para la música chilena en televisión abierta.

2.- Los espacios del estado que pudieran difundir música chilena (espacios públicos) tienen escasísima presencia de música chilena.

3.- Los espacios culturales no tienen una agenda conocida de compra de contenidos de manera sistemática (como trató de ser la Red Cultura, que era una vitrina, pero que al final no quedaba claro cuántas compras realmente aportaba).

4.- No existen redes de distribución a nivel nacional de material musical en físico.

5.- La ley del 20% ha sido insuficiente para generar en la audiencia mayor interés por consumir música chilena (o sea no movió la aguja, desde que partió).

6.- Las radios nacionales «grandes» no tienen espacios dedicados para hablar de música nacional que aporten al debate y crecimiento de la industria.

7.- Lxs únicxs que están haciendo la difusión de manera sistemática de apoyo a la música chilena son los medios independientes pequeños, radios comunitarias y en cierta medida las radios regionales.

8.- No existen asociaciones de músicos que sean representativas (la SCD NO es una asociación de músicos, aunque muchxs sientan que es así).

Estos temas son muy relevantes y dejan entrever por qué nos sentimos que no avanzamos. No avanzamos porque el marco general en que nos movemos es desigual y porque no nos unimos para cambiarlo. Para dar un ejemplo: Como lo dice el estudio de la UC Televisión digital en Chile: ¿es posible más y mejor TV para los chilenos? «Al ritmo de unas tres horas promedio de visionado per cápita al día, la TVA es clave para formar las nociones de “realidad” en las mentes del chileno promedio. Esto no sólo se consigue mediante los programas informativos, sino en los modelos y estereotipos presentes en los géneros de entretención, sin descontar a los mensajes publicitarios que financian todo el conjunto.» Y confirma que «la doctrina mundial establece que el espectro electromagnético es un bien nacional de uso público concesionable por plazos específicos a personas u organizaciones seleccionadas mediante algún mecanismo, ojalá imparcial (lo que no siempre ocurre)«. Entonces ¿dónde están nuestras exigencias para tener al menos una hora de música producida en Chile en televisión? O por lo menos espacio en el canal cultural, que se habilitó para los niños en pandemia frente a la escasa oferta infantil en la televisión abierta (y que sale por la señal digital, con bien poco cariño de parte del gobierno, otra vergüenza de cómo los adultos manejan los contenidos. ¿O sea que lxs niñxs se educan viendo matinales de prensa roja y no contenidos para su edad. ¡Qué manera de intensificar la brecha social desde todos lados!).

Entonces ¿ahora qué? Desde Aldea Local queremos invitar a reflexionar sobre estos puntos y otros más que puedan surgir, a reunir fuerzas al día siguiente del TT y a plantear que para que el ecosistema de la música chilena deje de ser endeble, debemos definitivamente hacer algo más que el post efectista/individualista: debemos conocernos, reconocernos, reunirnos y pedir cambios estructurales a la institucionalidad que pasan entre muchas otras cosas por nuevos planes curriculares en los colegios , nuevas plataformas de acceso a la música y la exigencia de cuotas de espacios en los medios de comunicación, que si bien son de interés económico privado, también son de interés educacional y social público. Sino, el TT es pan (qué pan, una galleta de agua, si es que) para hoy, hambre para mañana.

Melómana de nacimiento, obsesiva de formación, actualmente paso mis días entre la música que me haga sentido, las bandas que manejo y a los hijxs que crío, a Nueva Santiago y a Aldea Local. Traductora, periodista, manager, productora, booker, distribuidora de discos, mami, pareja y colega, con dos gatas adoptadas. Leo y veo series. En Pandemia también tejo, coso, hago crochet, collages y rompecabezas. - Siempre el mejor proyecto es el que está por venir -

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