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Entrevistas

Antonio Kulumi: “La contradicción y la marginalidad son los tesoros ocultos donde encuentro la belleza”

Desde Costa Rica, donde se encuentra junto a su familia, nos pusimos a conversar con el tremendo Felipe Pérez Quilaqueo, creador de Antonio Kulumi, para indagar más en su imaginario, en la creación de sus canciones, en la búsqueda de una historia que queremos compartir y así abrir los espacios para otras y otros músicos que no sean las y los mismos de siempre. 

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En nuestro país, largo y estrecho, hay una variedad de paisajes y sonidos. De norte a sur, la tierra nos sorprende con esta diversidad que, muchas veces, queda bajo el polvo, y solo se refleja en las pupilas de la gente lo que más suena, lo que difícilmente aporta novedad y originalidad al sonido nacional. Sin embargo, somos gente curiosa y no nos gusta quedarnos quietos ante esta comodidad mediática que tiene la industria musical chilensis, sino que buscamos y aportamos con nuevos nombres, con propuestas realmente interesantes a la hora de mostrar música chilena. Y no porque no sean conocidos son EMERGENTES, sino que pertenecen a ese bello bajo suelo sonoro denominado por el mainstream como UNDERGROUND, que lleva años acarreando equipos, tocatas y seguidores en todo el territorio, pero, el poco interés en las líneas editoriales de los medios tradicionales de comunicación y el constante acomodo de la SCD en éstos, hacen que se cree un muro informativo que imposibilita que la masa consumidora vea más allá de los productos que  están en la vitrina. 

Allende el año 2010, antes que ocurriera el terremoto, en Coyhaique, un amigo me dijo “Wn, has escuchado a Antonio Kulumi?” y ante mi negativa, abrió su computador y me mostró un soundcloud, en donde estaba el primer disco de Kulumi. En formato simple, estaban la voz, la guitarra y los sintetizadores, dándole un lugar a un sonido muy particular, folclórico, rústico, teatral. Era un personaje que declamaba sobre sus paseos nocturnos, sus reflexiones desde lo más profundo de la cordillera y el campo. Entre brujo y curandero, Antonio Kulumi se movió por La Rufina y arribó a San Fernando para complementar y engrandecer su música. Ya no era el sinte y la guitarra de palo sino que se sumaron las guitarras eléctricas, el bajo, coros y batería. Aparece el ROCK DE CERRO, “sonido agreste folk rock psicodelico y poesia paisana espirituosa”, nos dice el mismísimo Kulumi. Con una discografía que va en constante evolución en 5 Lps ordenados en colores, partes del día, sentimientos y arrebatos. 

Desde Costa Rica, donde se encuentra junto a su familia, nos pusimos a conversar con el tremendo Felipe Pérez Quilaqueo, creador de Antonio Kulumi, para indagar más en su imaginario, en la creación de sus canciones, en la búsqueda de una historia que queremos compartir y así abrir los espacios para otras y otros músicos que no sean las y los mismos de siempre. 

¿Quién es Antonio Kulumi y cómo nace su mito?

Antonio Kulumi es un engendro poético que cobra vida en una noche de carnaval, cuando a partir de la danza frenética de las sombras del mundo espiritual amerindio, por accidente fue animada esta criatura y lanzada en destierro a un mundo en crisis.

Allí nace, en un lugar precario de la psiquis autóctona, invocado por la sed de sus amigos y médiums sicodélicos que lo estaban contactando para poder contar una historia que embriagara al pueblo con canciones de luces de colores y humo encantador.

(Foto de Rodrigo Pardo)

Tu eres actor de profesión, pero tus inquietudes van mucho más allá ¿Cómo notaste que la música era el camino a seguir?

Nunca decidí ser músico, ha sido más bien la consecuencia de mi aproximación al arte en general que derivó en esto. Mi camino es el sacerdocio del arte, donde la comunicación del espíritu encuentra su mejor canal para expresarse, lo más orgánico, la instrumentalidad natural, y para eso hay que experimentar entregándose a las prácticas que tomarán su rumbo propio. Parezco músico porque hago canciones y las canto, pero me interesa tanto y más la dramaturgia, la poética, la mediumnidad, la performática al servicio de la catarsis colectiva, darle vida a los personajes que son arquetipos o entidades que quieren presentarse para desarrollar su poder en el mundo.

¿Cómo fue el proceso de creación del primer disco de Antonio Kulumi?

Fue la recogida y manifestación de muchas escenas delirantes de un largo viaje espiritual que duró más de 10 años. Al regresar de ese primer peregrinaje llegué con las experiencias suficientes para poder contar una historia contundente, que tuviese la capacidad de curar males metafísicos con humor.

El proceso de composicion y grabacion de las canciones fue muy fluido porque toda valía y todo servía: el error de la técnica, la fantasía de una profecía, el fracaso de la inspiración, el dolor y la depresión como un motor, una guitarra vieja y prestada aportó los acordes, llegaron espontáneamente los sonidos y estuvieron en el lugar preciso los amigos dispuestos a tocar; fueron varias sesiones trasnochadas y amanecidas sin metodología ni fórmula que le dieron vida al primer capítulo en la Portaestudio Chakana con Pablo Miranda.

(Foto de Gonzalo Madariaga)

 ¿En qué momento empezó a crecer el proyecto musical?

Siempre ha estado creciendo porque tiene vida propia, como todo ser viviente.

La vitamina para su ánimo se la ha inyectado la gran hermandad de músicos que han puesto sus enzimas creativas en la configuración de la banda y la gente de los medios independiente de difusión que son principalmente mis amigxs.

La proteína contundente para esto y la visión de desarrollo a nivel de producción musical es el trabajo de Alejandro Lizama de Estudio Mantra Chile, que es fundamentalmente el encargado de materializar la música . A partir de su llegada todo tomó fuerza y ritmo.

(Foto de Rodrigo Pardo)

 ¿Qué te inspira?

La  contradicción y la marginalidad son los tesoros ocultos donde encuentro la belleza porque allí triunfa la sensibilidad. Me mantengo muy atento para percibir cuales son las señales de mis ciclos y la poesía que nace de estos estados.

Me interesa la subjetividad y lo encriptado de la psiquis, los detalles olvidados de la mitología popular , los acertijos desechados, los juegos incompletos y todo episodio complejo que me perturba, porque allí está la joya.

(Foto de Gonzalo Madariaga)

 ¿Cómo viviste este episodio de restricciones y cuarentenas?

Yo vivo al margen de la realidad de la sociedad, tengo pasatiempos ilegales, oficios paralelos y caminos alternativos a la formalidad, no tengo jefe y no creo en la ley punitiva.

Cuido estratégicamente cada paso que doy utilizando mi tiempo en labores creativas que no me hagan daño ni al resto de mi círculo íntimo y puedo decir que hasta ahora vivo conforme a mi medida, libre e invisible.

 ¿Es posible exorcizar demonios con la música?

Puedes intentarlo y fallar o tal vez puedes lograrlo indirectamente; puedes provocar a los demonios de los otros si no te corresponde hacerlo y hacerte daño a ti mismo; puedes alimentarlos más, también puedes encantarlos y ser su amigo… todos los espíritus cumplen un rol y no es buena idea andar echando a nadie.

La música tiene una función misteriosa porque es invisible, trabajando sensiblemente sobre la percepción y el ánimo, pero no es como un discurso político o una ley religiosa, es un poder seductor que armoniza y transforma dependiendo del tiempo, lugar y circunstancia.

 En tus discos siempre hay un hilo invisible que los une. La naturaleza, la noche, el miedo y la audacia son temas recurrentes ¿Qué tipo de luchas enfrenta Antonio Kulumi en su imaginario?

En cierta medida existe una lucha contra la sombra mental del estado de la nación robot. Su plan es crear pasadizos con melodías y metáforas para cruzar a un lugar azul secreto donde la libertad sea la bandera de la noche y el día.

Más que una lucha bélica contra algo, es la técnica de distraerse mientras experimenta la transformación profunda para lograr su liberación , como un payaso sagrado que se cuenta un chiste a sí mismo en medio de una operación dolorosa para extirpar el miedo y volver al lugar de origen.

Pareciera que tu primer disco (Kulumi) fue creado en la penumbra para luego pasar al segundo (Disko Rufina) como una especie de despertar y así sucesivamente. ¿A qué se debe esa especie de cronología conceptual en tu obra?

Esta es una saga, una obra que se va desenvolviendo por etapas, capítulos, no a la manera de la dialéctica aristotélica, porque está contada desde la antilógica onírica, orientada por la brújula del corazón pasional y una mentalidad metafísica. He  ido desarrollando un olfato poético para guiarme en una ruta que está distorsionada, mareada, chueca, amorfa y desintegrada y debo buscar la armonía para componer hacia el buen destino del protagonista, que en el fondo es quien oye. Es un intento de búsqueda del sentido de orientación dentro del caos, donde Antonio Kulumi es la voz de los que lo escuchan, una voz inconsciente que susurra verdades relativas pero con un grado de acierto, una voz errante pero con una buena estrella intuitiva.

 Cuéntanos sobre “El Canto del mundo”, tu último trabajo discográfico.

Es un capítulo narrado con la sensación de la lejanía, cuando es necesario curar la nostalgia de abandonar lo conocido que otorga la identidad. Es la palabra del que jamás volverá a casa porque deberá crear el hogar en todo momento. Es la despedida definitiva de un territorio de paisajes comunes y seguros para acceder a una nueva realidad donde también existirán montañas cómplices y amores camaradas.

Este set de canciones están desprendiéndose y distanciando paulatinamente del ambiente del folk rural americano. Comienzan a acercarse aromas y sonidos del mundo latino con nuevas amistades nómadas que hacen de puente para hacer alianza.

El Canto del mundo es el reconocimiento de que todo pueblo algún día tuvo o tendrá que moverse y que el camino es un lugar cósmico donde nacen los himnos de la LIBERTAD.

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