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Mujeres en la música: por qué el ejemplo importa

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Hace unos meses se hacía viral el video de un niño que apuntando a la pantalla mientras veía «Encanto», la nueva película de Disney ambientada en Colombia, gritaba entusiasmado «¡soy yo!» mientras en pantalla salía uno de los personajes con rasgos afroamericanos.

La representación en el cine y en todas las artes no solo echa a volar la imaginación, sino que también valida los propios sueños y aspiraciones. Porque todxs queremos ser parte de una tribu, una manada, que nos acoja, nos comprenda y nos haga sentir parte. No hay nada más básico y al mismo tiempo más reconfortante que sentirse comprendido y aceptado. Como tampoco no hay nada que no genere más ansiedad que sentirse rechazadx.

La sociedad post segunda guerra mundial adecuó los roles de género a lugares específicos como una manera de no ver temblar los cimientos de lo que en ese momento los poderosos entendían por sociedad. Estando los hombres en el campo de batalla, las mujeres comenzaron a trabajar en fábricas, campos, dándose cuenta con la experiencia que eran tan capaces (y en varios casos, incluso más capaces) de rendir que sus compañeros hombres. Terminado el juego de la guerra de los varones, las mujeres en los años 50 recibieron una nueva posibilidad de jugar, esta vez a la casita, donde su rol esperado era el de criar, cuidar y estar detrás de «un gran hombre». Esto no tiene nada de malo y al mismo tiempo sí, cuando ocurre por imposición y no por una elección. La matriz se encargó de mantenerlas bien alineadas, por varias décadas.

Muchas veces quienes tienen acceso a privilegios como educación y familia, critican a aquellos que no han llegado «tan lejos en la vida» como personas con poca inventiva, flojas o simplemente con falta de empuje. Esta es una evaluación simplista, pues una de las cosas que también se necesitan en la vida para fijar las metas propias son los modelos a seguir. Durante los últimos años hemos visto que dentro de la cinematografía se agregan películas de mujeres que fueron invisibilizadas (Big Eyes, The Wife) a pesar de sus talentos u otras que lograron posicionarse como las primeras en sus áreas (The Conductor, On the basis of sex).

La música no ha estado ajena a lo difícil que es abrirse camino para las mujeres y muchas veces estilos musicales como el rock, metal y otros se mantuvieron vedados para que agrupaciones femeninas pudieran hacer carrera, porque claro, eran mujeres, por lo que los apoyos eran más escasos. Al mismo tiempo en nuestro país, hemos también visto como se han levantado organizaciones y voces en torno a la música que reúnen a las trabajadoras que durante años estuvieron haciendo sus esfuerzos de surgir en un ambiente musical machista y patriarcal. No es motivo de este escrito hablar de ellas, pero sí se hace necesario rendirles un homenaje por todo el esfuerzo que ponen a su trabajo, sobretodo a aquellas que han ganado espacios en lugares que antes eran solo terreno de hombres.

Hace menos de 20 años, una mujer, a menos que quisiera dedicarse a la música académica, no era bien mirada en la «sociedad de bien» si quería tocar música en instrumentos como la guitarra eléctrica o qué decir de la batería (si más encima hay que sentarse con las piernas abiertas). Cuál Evas, siempre en cada acto que realizan la sociedad asume que están intentando tentar con la manzana a los pobres adanes, por lo que dedicarse al rock (que tiene, seamos honestos una carga sexual) era mal entendido y vedado. Y así, se establece la rueda, donde una niña de doce años por mucho que quiera no se imagina a sí misma desarrollando un talento de este tipo, porque ni su familia, ni sus amigxs van a entender el interés o incluso ver que sea posible hasta ejercer una carrera vinculante con el rock y porque nunca ha visto otras mujeres dedicadas a tocar.

El ejemplo importa y mucho. Si queremos que la industria musical de nuestro país se desarrolle para bien, es importante que todos asumamos desde nuestras trincheras la necesaria reflexión y visibilización de aquellas que están construyendo camino al andar. En el caso de las músicas, esto puede estar un poco más resuelto, con grandes nombres de artistas que ya han consolidado una carrera y un público. Ahora es el turno del resto de las trabajadoras de la música: Tour managers, asistentes, productoras musicales, agentes de prensa, managers. Porque las hay, es importante hacer el esfuerzo de visibilizar su trabajo. Solo así, aquellas niñas de doce años que aman la música y comienzan a preguntarse si podrían trabajar en ella, verán que sí, que es posible. Y que lo único que falta es que como otras antes que ellas, pongan sus talentos al servicio de un sector cultural que merece ser cada vez más grande simplemente porque el alma de este país también lo necesita.

El llamado es simple: El ejemplo sí importa. Trabajen con mujeres, invítenlas a los paneles, denles espacios en sus charlas, déjenlas ser aporte. Den el ejemplo y ayuden a que sean un ejemplo. Todxs tenemos mucho, mucho más que ganar en este camino hacia la verdadera igualdad.

Melómana de nacimiento, obsesiva de formación, actualmente paso mis días entre la música que me haga sentido, las bandas que manejo y a los hijxs que crío, a Nueva Santiago y a Aldea Local. Traductora, periodista, manager, productora, booker, distribuidora de discos, mami, pareja y colega, con dos gatas adoptadas. Leo y veo series. En Pandemia también tejo, coso, hago crochet, collages y rompecabezas. - Siempre el mejor proyecto es el que está por venir -

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