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La música chilena como fotografía de la historia reciente

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Hoy se cumple un año desde que Chile despertó el 18 de octubre del 2019 y parece ser que las llamas del ruido se encienden cada día con más fuerza.

Chile se muestra al mundo como un Jaguar. Los Pumas bajan desde de su hábitat en la cordillera hacia los barrios urbanos buscando comida, pues los chilenos hemos invadido su territorio, al igual que sucedió con el pueblo Mapuche hace más de 500 años. 

En esta misma línea, Chile es un país que acostumbra a violar los derechos humanos de sus ciudadanos a lo largo de su historia, mutilado bosques y recursos naturales con un extractivismo maquiavélico, teniendo activa y ensalzada impunemente a una policía uniformada con bases que se alejan mucho de lo que el pueblo clama en la actualidad. Justicia, dignidad.

Así pues, vivimos en una constante resistencia a un sistema que nos aplasta si es que no somos parte de las élites, de las diversas élites de cualquier sector o área, pues este sistema piramidal de hacer sociedad, se encuentra en distintos ámbitos de la vida, en las formas de ser del $hileno aspiracional, aquello que llaman “facho pobre”, también. En este sentido, si algo tenemos que envidiarle a “los cuicos” es su consciencia de clase. Con respecto a las élites, en la música también las hay, por supuesto, pero es hora de aterrizar los modelos que malamente se copian al extranjero y “chilenizarlos”, adaptarlos a nuestro contexto. Hace años ya, en un panel del conversatorio “Música y territorio” en la primera feria “Fluvial” acontecida en Valdivia el año 2016, se habló desde la desaparecida “Red corredor” (Red de organizaciones de músicxs de todo Chile), que en esta misma feria y otras, no se ajustaban los temas de conversación a la realidad de los músicos y músicas de nuestro territorio. Por otro lado, el “turismo cultural”, muy de moda dentro de agentes de la música chilena, parece ser la panacea al momento de asistir a estos encuentros que pocas veces sacan buenos frutos para la música nacional, sino más bien, para las élites que logran llegar a ellos, desde un acceso económico o más bien “pillo”.

Colectiva Rizoma Alzada

Sin embargo, estamos escribiendo la historia reciente en cada día de resistencia, de denuncia y de construir, o intentar construir un Chile más justo, pero no de slogan, sino que un Chile con poderes del estado eficientes y con bajos índices de corrupción. Quizás, sería bueno pensar en una entidad estatal que distribuya los derechos de autor de manera justa y no segregadora como sucede con la SCD y su estatuto muy pasado de moda. Por otro lado, es necesario que las leyes avancen de la mano de la memoria y la justicia, y en ese sentido, los y las músicas desde sus trincheras conocidas o no conocidas en el mainstream, están dando la batalla para visibilizar algunas de las infinitas problemáticas que acontecen en nuestro territorio. 

Lamentablemente, tenemos a políticos que no legislan para el pueblo, sino que para un grupo económico específico: Las familias más ricas de Chile, las élites. Los discursos de estos “líderes”, rayan en lo absurdo, pues carecen de veracidad. Asimismo, se les baja el perfil a políticas nefastas y funcionarios públicos corruptos. La impunidad cruza a todos los poderes del estado de Chile. La contraloría parece ser la única luz al fín del camino.

Dadalú – «Todo es plata»

En relación a temas contingentes como el endeudamiento por educación y vivienda, salud mental, tenemos a músicxs que vienen participando por años en instancias que si bien no son tan visibles para la “industria” de la música, son muy significativos para la gente que los escucha. En efecto, aunque sea un trabajo de hormiga, poco a poco se han ido despertando las conciencias desde las obras musicales, que llegan a conmover hasta los más incrédulos en los cambios reales.

Imagen ficticia del video «Tesla Superstar» de Máikeles Tivenson, haciendo alusión a la muerte del neoliberalismo chileno.

Es así, como surgieron naturalmente músicas entre la revuelta. Entre los cantos, banderas Mapuche al viento y las tantas consignas que fueron parte de nuestro paisaje sonoro en todo Chile, tres mujeres feministas, activistas, cada una desde sus diversas trincheras, desde el sonido, gestión cultural, festivales y música, crearon la colectiva “Rizoma Alzada”. Ellas, acompañadas de un amplificador con una guitarra eléctrica tocada por Caro Ozaus, Jacksa Suazo (percusiones) y Rosa Angelini (voz), acompañaron la revuelta repitiendo la consigna, en un mantra punk chilensis, “Despierta humanidad ya no hay tiempo”. Por otro lado,  “Angélika Llankamil”, compositora y rockera Mapuche, ha ido instalando su canto rock en un nicho más bien masculino y prototípico, con una mirada diferente, desde la lengua y su contenido, que impregnado con la cosmovisión Mapuche, nos hace viajar hacia un lugar de resistencia y rabia, y nos hace comprender desde la misma música, el sonido de los 500 años de resistencia de este pueblo tan poderoso, y del cual, la mayoría en Chile llevamos su sangre. También, encontramos a músicos como Portavoz, quien en esta lista de música que presentaremos a continuación, desarrolla un espacio inclusivo, en el cual les niñes están presentes, proponiendo una voz que ha sido históricamente invisibilizada en nuestro país. Sabemos cuánto “estamos al debe” los artistas en Chile con respecto a la  protección de la infancia.

Portavoz y Coro Infanto Juvenil

Podemos recordar a Víctor Jara cantando el himno “Luchín”, pero si hacemos el ejercicio de pensar en más canciones que visibilicen la falta de oportunidades para infantes de menores recursos económicos, es difícil reconocer más obras. En este sentido, el hip hop siempre ha estado a la vanguardia en cuanto a la poesía crítica y de denuncia que cuestiona las lógicas desiguales en nuestro país. Además, el movimiento feminista ha tenido una gran impulso estos últimos dos años, lo que ha permitido que las mujeres puedan hoy luchar libremente por más espacios en los escenarios, haciendo una objeción de consciencia a aquellos compañeros que nunca se han cuestionado esto, aduciendo que “falta calidad en las propuestas” o que “simplemente, no hay mujeres en la música”, lo que ya sabemos que es falso. También es preciso mencionar lo que se viene haciendo desde la música como herramienta política, en el sentido de proponer una nueva mirada a lo que tradicionalmente se ha llamado “folclor” que en la actualidad está prácticamente unido al concepto de “música popular”. Con relación a esto último, desde nuestro sector disidente de la música se ha propuesto repensar el concepto de “folclor”, trasladándose al de “refolclor” para no entrar en disputas sobre lo que “es o no es folclor”, dándole una propuesta estética actualizada a esta historia reciente, con una mirada vanguardista sobre la lectura de lo que está sucediendo a nivel país, no sólo en tanto al género discursivo de las líricas de las canciones, sino a una propuesta estética sonora que destruya los cánones que son parte de una estructura segregadora de los medios masivos, y que avanza demasiado lento a los nuevos tiempos. En este sentido, podemos encontrar bandas y músicxs como “Solteronas en Escabeche”, “Carolina Holzapfel”, “Jacinto”, “Wichañe” desde Chiloé, que desde el sonido activan las mentes para que rompan el prototípico canon musical y comprendan que la diversidad está en todas partes. El paradigma del mundo cambia, y lxs músixs chilenxs también. 

Angélika Llankamil, rock Mapuche.

Sabemos que Chile es un país de masacres. El pueblo contra el pueblo. Militares torturando, asesinando y/o desapareciendo a ciudadanos y ciudadanas. Las violaciones a los DDHH datan desde tiempos remotos de nuestra república, pues antiguos dictadores asesinaron y torturaron a un pueblo movilizado por exigir justicia social. Dignidad.  En este sentido, la música chilena ha sido una herramienta fundamental para traer a la memoria colectiva ciertos eventos que el tiempo ha dejado en el olvido y que representan un insumo fundamental para la memoria de nuestro territorio. ¿Si no sabemos desde dónde venimos, acaso sabremos hacia dónde ir? Es así como varios artistas han volcado su trabajo en esta labor de traer a lo actual casos emblemáticos de violaciones a los derechos humanos, como podemos recordar en “La cantata de Santa María”, de Luis Advis, interpretada por Quilapayún, o si nos vamos más atrás, canciones como “Santiago penando estás” de la maestra Violeta Parra. Lamentablemente podemos traer muchas músicas hechas en otras épocas que calzan perfecto con lo que pasa en la actualidad. Esto es desesperanzador. Hoy tenemos la posibilidad de cambiar el destino triste y opaco de nuestro país con la nueva Constitución. 

Ilustración por Karola Egaña

Con todo lo dicho anteriormente, se entiende que existe una urgencia de los derechos humanos en la actualidad y la urgencia que nuestros artistas se comprometan desde su obra para denunciar y visibilizar internacionalmente lo que está sucediendo en nuestro país. 

Enseguida, les compartiremos algunas manifestaciones artísticas sobre memoria y arte de músicxs chilenxs, en una lista de canciones, que en su mayoría vienen desde sonidos de la no industria, o desde propuestas underground dentro de la industria que se salen de los bordes de lo que los países capitalistas recomiendan para tener “éxito” en sus carreras de músicxs.

¿Qué buscamos en el arte que internalizamos en nuestras vidas? ¿Verdad, memoria, o algo desechable y funcional a estos decadentes tiempos neoliberales chilenos?

Haz click en esta Lista de reproducción que contiene una muestra de las más bellas y potentes expresiones musicales de arte y memoria en nuestro país.

Cantora y compositora chilota adoptada por el Barrio San Eugenio en Santiago Centro. Trabajadora e investigadora de la música chilena actual, (refolclor).

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Carlos

    18 octubre, 2020 at 8:41 pm

    Muy de acuerdo con su visión del mundo, la oligarquía Chilena siempre ha monopolizado todas las áreas posibles con su propaganda y el dinero que corrompe a la sociedad.

    Excelente artículo, felicidades!

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